Cuando regenerar la tierra también significa generar oportunidades
Imagen cedida por JustDiggIt
En los últimos tiempos, el clima nos ha estado dejando episodios de lluvia muy intensos, pero breves.
Cuando llevamos semanas esperando que llueva, podemos pensar: qué bien, cuánta agua; esto ayudará a recuperar la humedad del suelo y a llenar los embalses.
Y, en parte, es así.
Pero hay una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿qué ocurre cuando toda esa agua llega al suelo?
La respuesta depende, en buena medida, de cómo se encuentre ese suelo.
En un terreno sano, con vegetación y una estructura capaz de absorber agua, parte de la lluvia puede infiltrarse y permanecer en él. Pero cuando un territorio está degradado, la vegetación escasea y la superficie del suelo pierde capacidad para absorber el agua, una lluvia intensa puede convertirse rápidamente en escorrentía.
El agua circula por la superficie en lugar de infiltrarse. Arrastra partículas del suelo, aumenta la erosión y termina perdiéndose.
Y después de la lluvia, el terreno vuelve a estar seco.
En un contexto de cambio climático, en el que los patrones de precipitación están cambiando y los episodios extremos pueden ganar protagonismo, entender qué ocurre con el agua cuando llega al territorio resulta cada vez más importante.
Y es precisamente en algunas zonas de África donde encontramos una respuesta tan sencilla como llamativa: hacer que el agua tenga más oportunidades de quedarse.
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Una sonrisa para detener el agua
Esta es la idea detrás de las llamadas “Earth Smiles” o “Sonrisas de la Tierra”: pequeñas estructuras semicirculares excavadas en el terreno que permiten capturar el agua de lluvia y ralentizar su recorrido.
Cuando llueve, las sonrisas retienen parte del agua que de otro modo seguiría pendiente abajo. Al mismo tiempo, reducen la velocidad del agua que circula entre ellas, favoreciendo que pueda infiltrarse progresivamente en el suelo.
La técnica es sencilla, pero sus efectos pueden multiplicarse.
Al aumentar la humedad disponible en el suelo, las semillas que todavía permanecen en él tienen mejores condiciones para germinar. La vegetación comienza a recuperarse y sus raíces ayudan, a su vez, a mejorar la estructura del suelo y su capacidad para absorber agua.
Se crea así un ciclo diferente:
Y esta idea no se limita únicamente a África. Estas “Sonrisas” se han aplicado también en otros lugares, como China, y más recientemente en Aragón, donde se han adaptado a las características del territorio. Así, la recuperación del suelo puede convertirse también en una forma de recuperar ecosistemas y generar oportunidades para las sociedades que los habitan.
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Cuando recuperar la tierra significa recuperar oportunidades
La recuperación de un ecosistema no se queda en el paisaje.
En muchas de estas regiones, las comunidades dependen directamente de la agricultura y de la ganadería para alimentarse y desarrollar sus medios de vida. Por eso, cuando el suelo pierde su capacidad para retener agua y producir vegetación, también se reducen las posibilidades de las personas que dependen de él.
Recuperar la humedad del suelo puede mejorar las condiciones para el crecimiento de cultivos y pastos, aumentar la disponibilidad de alimento para el ganado y hacer que los territorios sean más resistentes frente a los periodos de sequía. La organización neerlandesa Justdiggit trabaja precisamente con comunidades locales, sin ánimo de lucro, para restaurar estos paisajes y mejorar, al mismo tiempo, la disponibilidad de agua, la productividad y la resiliencia de quienes los habitan.
En algunos de sus proyectos, por ejemplo, las comunidades combinan las Earth Smiles con bancos comunitarios de semillas de hierba, gestionados por grupos de mujeres. Estas iniciativas permiten recuperar pastos para el ganado y, al mismo tiempo, generar nuevas fuentes de ingresos.
Así, una intervención que comienza con algo tan sencillo como hacer que el agua permanezca más tiempo en la tierra puede terminar teniendo efectos sobre la alimentación, la economía local y la capacidad de una comunidad para afrontar un clima cada vez más cambiante.
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El conocimiento también forma parte de la solución
Hay algo en esta forma de trabajar que conecta especialmente con nuestra forma de entender la cooperación desde InterTech: las soluciones no dependen únicamente de aportar recursos.
También necesitan conocimiento.
Para restaurar un territorio hay que comprender cómo se comportan el agua y el suelo, qué técnicas son adecuadas para cada lugar y cómo pueden aplicarse de forma que las propias comunidades puedan mantenerlas en el tiempo.
Por eso, los proyectos de Justdiggit trabajan junto a organizaciones y comunidades locales, formando a agricultores y facilitadores que después pueden compartir estas técnicas con otras personas de sus territorios. En la región de Dodoma, por ejemplo, su programa de formación cuenta con agricultores locales que actúan como referentes y permiten extender las técnicas de restauración a cientos de comunidades.
El conocimiento deja así de ser algo que permanece fuera del territorio y se convierte en una herramienta que las personas pueden utilizar para transformar su propio entorno.
Regenerar la tierra es también generar futuro
La desertificación es un desafío ambiental, pero sus consecuencias abarcan mucho más que el medio ambiente.
Cuando un territorio pierde agua, vegetación y capacidad productiva, también pierde oportunidades. Y cuando recupera parte de esas capacidades, las comunidades pueden ganar nuevas posibilidades para cultivar, alimentar a su ganado, generar ingresos y afrontar mejor los cambios del clima.
Por eso, restaurar un ecosistema y generar desarrollo tienen más cosas en común de lo que imaginabas.
A veces, generar una oportunidad empieza por algo tan básico como retener el agua de lluvia. Y solo hace falta una pizca de conocimiento para descubrir cómo hacerlo posible y ponerla al alcance de quienes la necesitan. Que, en realidad, somos todos.